Si bien no creo que el problema de la devastación en la selva tenga remedio mientras los precios del oro sean tan atractivos, algo puede hacerse para morigerar este holocausto ecológico.
En primer lugar, ¿quién vende esas dragas? Estas tienen que pasar por Aduanas y, al venderlas a mineros informales, son tan culpables de la devastación como estos. Me cuentan que una gran importadora de estos equipos acaba de abrir una sucursal en Cusco. A por ellos. ¿Y el mercurio? Alguien tiene que venderlo. Ese alguien también es cómplice. Y el oro, ¿quién lo vende afuera? ¿Acaso países más atrasados como Sierra Leona no han controlado la exportación de los ‘diamantes de sangre’? ¿Por qué no podemos imitarles en lugar de estar haciendo cojudeces como poner escáneres en el aeropuerto para revisar turistas?
Es más, sería tan drástico que mandaría que la FAP
bombardee las dragas y los campamentos informales. Esa gente le está
haciendo una atrocidad al país y no merece mucha compasión. Es el mismo
eficaz método que se usaba para derribar avionetas cargadas de coca o
hundir calladitos depredadoras flotas pesqueras extranjeras, cuando
nuestro país estaba regido por gente decidida. Es que esos de los
Derechos Humanos no saben el daño que han hecho: han castrado la fuerza
coercitiva del Estado al hacerle muy medroso en aplicar su legítimo
monopolio de la violencia para proteger a la sociedad. Todo este auge
del crimen y del desorden proviene de allí, desde que en los 70 se
toleraban las invasiones de terrenos privados porque beneficiaban a los
pobres (no, beneficiaban a los traficantes de tierras y a los
demagogos). Detrás de todo problema en este país siempre está la
izquierda.
PD: Sigan a Michel Karp en Luxemburgo…
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