miércoles, 22 de mayo de 2013

En el diván con Lacan


Veo que el ‘sicoanalisto’ Coqui ‘Lacan’ Bruce me ataca en el Twitter, irritado porque escribí este lunes una verdad de esas que a ellos disgusta: la violencia irresponsable de la izquierda parió a Videla, Bordaberry y Pinochet. 



A éste, lleno de pedantería de café barranquino y de pomposidad intelectualoide típica de la PUCP de su época, sólo hay que recordar lo que escribió JR Ribeyro de él en una carta desde París (05-07-83): “En el último número de Hueso Húmero, dedicado al psicoanálisis, hay un artículo de un joven psicoanalista sobre mi cuento Silvio en El Rosedal. Está bien escrito y es interesante, pero en definitiva es un disparate. Si el Sr. Bruce –que vive en París, además– hubiera conversado un poco conmigo se habría evitado escribir tantas majaderías. Pero jamás me ha buscado, a pesar de estar haciendo una tesis sobre mí (nota mía: ¡Qué tal rigor y laboriosidad de Bruce!). El ‘Charlatán de Viena’ (así llamaba a Freud el gran Nabokov) ha hecho estragos en el mundo intelectual. Las teorías de Freud pueden ser relativamente válidas si se circunscriben a sus fines específicos (exploración del inconsciente, interpretación de los sueños, tratamiento de neurosis, etc.), pero son fatales cuando se extrapolan al análisis de las obras de arte”.



Mi difunto tío Javier, gran psiquiatra, era muy escéptico del psicoanálisis y se convencía cada vez que casi todo era neuroquímica en la conducta. Desconozco el tema, pero a veces me huele que muchos psicoanalistas no son más que unos grandes vivos argentinoides que se aprovechan de fulanos que les pagan US$ 200 la hora para contarle que quieren sexo con su madre o algo por el estilo, a lo que les responden con mitología griega o sus sueños para engatusarlos. ¡Más barato les saldría un ‘ayahuascazo’!

Aldo Mariategui

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